Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2011

Las uvas de la ira, de John Steinbeck


Este es un libro que me gusta mucho, porque es un texto muy humano. Demás está decir que es considerada la mejor obra del premio nobel, John Steinbeck.Compré este ejemplar hace unos años en una vieja librería de Morón, detrás de la estación, que huele a humedad y a libros usados  y donde la colección de premios nobel, de un diario muy importante de Buenos Aires, se remataba por poco dinero. Ahí rescaté esta maravilla . En el dorso del libro venía la recomendación de nada más, ni nada menos que Ernesto Sábato. Decía así:

"John Steinbeck fue un gran escritor polémico y perseguido porque tuvo la osadía de oponerse brutalmente a la gente rica y con poder de su país. Su defensa de las personas sojuzgadas lo convirtió en un escritor proscrito, y sus libros fueron quemados en las hoguera públicas. Sin embargo, el tiempo le concedió su lugar entre los grandes escritores"

Cuando leí esto me dije a mi misma: "Este es un escritor digno de leer" y entonces me lo traje junto con otros más de la misma colección que elegí al azar. Ninguno me falló.
Fue un libro muy cuestionado, ya que fue rechazado por tener un lenguaje grosero y con temática de izquierda. Cuántas pavadas se dicen cuando alguien tiene la valentía de alzar una voz en contra del sistema, me pregunto!. Una de las mejores definiciones del capitalismo salvaje la encontré en los diálogos y pensamientos de los arrendatarios de tierras de la novela.

"Es curioso. Si un hombre tiene una pequeña propiedad, esa propiedad se transforma en él, en una parte de él y es como él. Si es dueño de una propiedad, aunque sólo sea para poder andar en ella, trabajarla, apenarse cuando no marcha bien y estar contento cuando la lluvia caiga sobre ella, esa propiedad es él y, de alguna manera, él es más grande porque la posee. Incluso si las cosas no le van bien él tiene la grandeza que le da su propiedad. Es así.
Y siguió cavilando:
- Pero cuando un hombre tiene una propiedad que no ve, que no puede tocar con los dedos porque le falta tiempo, ni pisar porque no está allí, entonces la propiedad es el hombre. Él no puede ni hacer, ni pensar lo que desea. La propiedad se apodera del hombre por ser más fuerte que él. Y él ya no es grande, sino pequeño. Tan sólo sus propiedades son grandes y él se convierte en el servidor de su propiedad. Esto es lo cierto, también."

"Las uvas de la ira", es sin dudas una gran novela, muy bien construida, llena de enseñanzas donde se pone a fuerza la integridad de los personajes ante una sociedad corrompida por la miseria y el dolor. Steinbeck narra la historia de un sueño, un sueño compartido por muchos campesinos norteamericanos que sufrieron la devastadora bofetada de la Gran Depresión que padeció el país a comienzos de los años treinta. Además de la crisis económica, una serie de catástrofes, como el desafortunado periodo de sequías que afectaron al medio oeste de los Estados Unidos y los malos resultados de las cosechas posteriores, obligaron a los campesinos a hipotecar las tierras que habían heredado de sus antepasados. Al no poder afrontar los pagos de las hipotecas, toda esta gente, pierde sus casas en mano de los bancos. Lamentablemente, en esta situación, los más perjudicados fueron los más humildes. Así comienza el éxodo de miles de campesinos y sus familias hacia California, así, como almas en pena, invaden las carreteras formando largas caravanas, ilusionados por un sueño que se tornará pesadilla. Con unos pocos dólares en los bolsillos intentarán peregrinar  hacia la tierra prometida.

En definitiva, es una recomendación obligada, no sólo porque está maravillosamente narrada, por la fuerza e intensidad de los personajes o por su carácter histórico, sino también porque es una novela que vive eternamente, y hoy, en esta nefasta época económica en que vivimos, se puede defender con más razón la vigencia de su historia. Pero, lo verdaderamente importante de ésta, es que, una vez leída, nos hace reflexionar seriamente sobre la profundidad de un sistema económico cada vez más excluyente donde mil millones de hombres, mujeres y niños según el informe de este año de la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) se acuestan con hambre todas las noches. Hielan la sangre, pensar en las cifras, pero es así. Son fríos números que duelen sabiendo que el mundo está preparado para producir siete mil millones de alimentos.
Cuando leí esta novela pasé por muchas sensaciones, impotencia, tristeza, esperanza pero les aseguro que nadie que la lea puede dejar de conmoverse por los integrantes de la familia Joad, que aún en las adversidades rescatan los valores de la unidad, de la solidaridad como único medio para sobrevivir.

lunes, 31 de octubre de 2011

De que hablo cuando hablo de correr

Recuerdo que leí el libro allá por octubre del año pasado. En ese momento no estaba muy bien de ánimo, pero aún así quería leer algo que me distrajera y a la vez pudiera seguir sin complicaciones porque estaba muy dispersa. Cuando abro el Libro me encuentre con la famosa frase:

EL DOLOR ES INEVITABLE, EL SUFRIMIENTO ES OPCIONAL

Lo cierto es que esta frase, que creo es de origen budista, tanto aplicada al deporte como a la vida misma, me pareció muy apropiada para el momento personal que estaba viviendo. El asunto es que mi romance  con Murakami comenzó con este libro y fue el inicio de mi idilio con este distinguido escritor japonés. Puede que Haruki Murakami no sea el único escritor conocido que corre, pero desde luego es el primero que ha editado sus memorias como corredor "What I talk about when I Talk about running",  su versión en inglés.
Un libro lleno de impresiones, no es un libro con pretensiones de enseñar las técnicas de los corredores de maratones, en cierta medida el autor escapa a eso, pero si a lo largo de toda la obra nos relata como la escritura y hábito de correr confluyen en una misma filosofía. Murakami confiesa que una de las cosas que más le atrae de correr es la posibilidad de desprenderse de la mayoria de sus pensamientos cotidianos y sumergirse en esa especie de vacío en el que poder dejarse llevar, simplemente por sus piernas.

"La existencia de una máxima que dice que un auténtico caballero nunca habla de las damas con las que ha roto, ni de los impuestos que ha pagado es..., es una mentira como una catedral. De hecho, acabo de inventármela. Disculpen. Pero, si de veras existiera una máxima como ésta, tal vez otra de las condiciones para ser un auténtico caballero sería la de no hablar nunca de los métodos que utiliza para conservar su salud. En efecto, los caballeros de verdad no suelen prodigar charlas en público sobre este tema. Al menos así me lo parece a mí.
Por supuesto, como todos saben, yo no soy un auténtico caballero, de modo que estas cosas tampoco me preocupan en exceso, pero, aun así, escribir un libro como éste me causa cierto apuro. Y lo siento si esto suena a excusa, pero, aunque este libro trate sobre el hecho de correr, no trata sobre métodos para la conservación de la salud. No pretendo aquí promocionar ideas del tipo: «Venga, salgamos todos a correr cada día y llevemos una vida saludable». Como mucho, me limitaré unas veces a reflexionar y otras a preguntarme sobre lo que ha supuesto para mí, como persona, el hecho de correr habitualmente.
Somerset Maugham escribió que «todo afeitado encierra también su filosofía». Viene a decir con eso que al realizar cualquier acto, por trivial que sea, con el paso de los días acaba por surgir algo similar a una contemplación filosófica. También yo quiero sumarme, de corazón, a esta teoría de Maugham. Por ello, aunque sea en mi condición de escritor o en la de corredor escriba ahora este modesto texto privado sobre el hecho de correr, lo ponga en letras de imprenta y lo publique, no creo que me aparte de mi camino. Tal vez se deba a mi complicada manera de ser, pero, como soy una persona incapaz de pensar a fondo sobre algo si antes no intento convertirlo en letras, también para poder reflexionar sobre el sentido del correr tenía que ponerme manos a la obra e intentar escribir un texto como éste."